Última actualización: 20.07.19

 

El entrenamiento de las mascotas, específicamente de los perros, es un tema controversial en la actualidad, ya que por muchos años existió la creencia de que el uso de collares de castigo era una buena alternativa a la hora de adiestrarlos para lograr un buen comportamiento. Sin embargo, la experiencia, el buen sentido común y la compasión demuestran que ningún ser vivo debe aprender bajo el maltrato del amo, mucho menos los perros, que son nuestros mejores amigos.

 

El collar de castigo o adiestramiento para perros es un tipo de accesorio que fue creado con la intención de causar dolor, para evitar un comportamiento indeseado, llegando incluso a causar terribles heridas físicas y psicológicas, tanto en cachorros como en adultos.

De esta manera, muchas personas fueron persuadidas con la idea de que estos accesorios podrían lograr algún resultado positivo en los perros, ya sea por recomendación de un amigo, algún programa de televisión y hasta por algunos veterinarios de dudosa reputación, sin embargo, es importante señalar que se ha comprobado la poca o ninguna eficacia de este método de adiestramiento, por lo que en muchos lugares esta práctica es ilegal, como en España, Suiza, Austria, Alemania e Inglaterra. 

 

Los collares de castigo más usados

Los collares para perros deberían ser accesorios usados para identificar al perro y para evitar que se escape o extravíe, sobretodo cuando lo llevas de paseo a caminar a lugares que pudieran resultar peligrosos para él. Por el contrario, la fabricación y uso de los collares de castigo resulta una práctica brutal. Entre estos resaltan por su nivel de crueldad los eléctricos, de púas y los de estrangulamiento.

Los collares de púas son fabricados en metal, con puntas filosas para que hagan contacto con el cuello del perro, causando dolor e incluso heridas al estar presionado de manera continua sobre la superficie, ya que se contrae para comprimir el cuello con los movimientos bruscos. 

Por su parte, los collares eléctricos son activados por el adiestrador mediante el uso de un mando a distancia, generando descargas eléctricas con diferentes niveles de intensidad, pero también, en algunos casos pueden ser activados con la vibración de la garganta al ladrar.

También existen collares de estrangulamiento o asfixia, que funcionan como una soga que se va cerrando, sin ningún tipo de límite sobre el cuello del perro, ya sea que pretenda tomar una dirección diferente a la de su dueño o trate de ir más rápido. Está elaborado en metal y está pensado para evitar el paso de oxígeno mientras se tire de él.

 

 

Consecuencias físicas, psicológicas y sociales 

Como ya se ha dejado claro, este tipo de collares son usados para castigar de forma cruel e innecesaria a los perros, pero además, su efecto no es el deseado en su comportamiento, ya que están asociados a una enorme carga negativa y al incremento de una conducta agresiva, generando también estrés y ansiedad. En consecuencia, trae problemas físicos, psicológicos y de comportamiento social, pero lo más importante es que en la mayoría de los casos los dueños no consiguen modificar la conducta del animal en forma positiva y, en caso de que la lograra modificar, el precio podría ser muy alto.

Entre las consecuencias físicas podemos mencionar el dolor agudo en la zona del cuello, heridas, pérdida del pelo, tos, daños graves en la cervical, tiroides lesionada, obstrucción de la tráquea, afecciones del sistema linfático, pérdida gradual de la visión, hipertensión ocular, mala circulación sanguínea, quistes en la médula espinal, daños en el sistema nervioso, entre muchas otras afecciones.

Como consecuencias psicológicas podemos mencionar el miedo provocado por el uso de estos collares, porque el perro relacionaría todas las situaciones negativas con el dolor, lo que podría llevarle a creer que todas las personas lo quieren lastimar y tratará de mantenerse alejado. Sin embargo, la peor de las consecuencias psicológicas puede ser el deterioro del vínculo afectivo entre el perro y el dueño o quien lo entrene, lo que puede llevarlo a una fuerte depresión.

Por otro lado, las consecuencias sociales también afectan su comportamiento y lo más probable es que los perros se vuelvan agresivos con su dueño, las personas de su círculo familiar, niños e incluso con individuos desconocidos, tales como ciclistas, perros o cualquier animal que se le acerque. De esta forma, es necesario insistir en que este tipo de collares no solucionan los problemas de comportamiento, ni le aportan a tu mascota la educación necesaria para que se adapte a las normas de su entorno.

 

 

Formas efectivas de educación y adiestramiento para perros

En la actualidad, existen muchas alternativas para el entrenamiento de los perros, que son mucho más positivas y con las que se obtienen mejores resultados. Además, incrementan la posibilidad de solucionar los problemas de conducta que puedan tener los perros, ya sean cachorros o adultos.

Lo primero que deberías considerar cuando pretendes educar o corregir la conducta de un perro es buscar el origen de esa conducta para encontrar la solución más adecuada. En este sentido, es conveniente aprender un poco de su lenguaje corporal y comportamiento en diferentes situaciones. De esta forma, el collar que use no causará dolor y podrá ser usado únicamente como un accesorio de moda para identificarlo o como medida de control durante los paseos.

En este sentido, el mejor collar para perros deberá cumplir con algunos requisitos, como estar elaborado con materiales suaves pero resistentes, que se amolden con facilidad al cuello, como el nylon, algodón o cuero. Asimismo, es bueno que incluya una placa con los datos de la mascota y un número de contacto. Además, debes considerar la talla y peso del collar, para que no quede demasiado ajustado ni agote al perro rápidamente, de esta manera, tendrá mayor libertad de movimiento. 

Sin embargo, existe otra alternativa que puede resultar muy útil y nada invasiva, como el arnés, que se coloca alrededor del abdomen, pecho y espalda, para causar el mínimo daño a aquellos perros que tienen tendencia a tirar cuando caminan o tienen problemas en el cuello, columna y vías respiratorias.