Última actualización: 19.08.22

 

El síndrome de Down es una enfermedad que afecta exclusivamente a la raza humana, debido a que el sistema cromosómico de los seres humanos es diferente a la mayoría de los animales. Sin embargo, cada especie tiene una determinada información genética con una secuencia específica, lo que podría causar un retraso en el desarrollo.

 

Los animales con síndrome de Down en realidad no existen. Sin embargo, pueden presentar trisomía en otro par de cromosomas. Por ejemplo, los ratones tienen trisomía cuando se ven afectados en el par número 16. En este caso, la anomalía genética puede provocar síntomas muy similares que en el ser humano, como malformaciones, retrasos cognitivos y, en el peor de los casos, reducción del tiempo de vida. Sin embargo, el síndrome de Down es un trastorno con una gran variedad de aspectos que deben ser considerados más a fondo para entender por qué los animales no sufren exactamente esta alteración.

 

¿Qué es el síndrome de Down?

El síndrome de Down es la forma más común de trisomía en la raza humana y afecta a 1 de cada 700 nacimientos aproximadamente. En este sentido, es importante saber que el ser humano tiene un total de 23 pares de cromosomas y la trisomía 21 es causada por un cromosoma extra en este par, lo que quiere decir que ya no cuenta con 2 cromosomas, sino 3. Por lo general, el síndrome de Down está asociado a un desarrollo cognitivo deficiente, así como defectos de nacimiento y al riesgo de tener otras complicaciones que disminuyen la esperanza de vida.

No obstante, los síntomas de este trastorno actualmente se pueden controlar mucho mejor que en el pasado, lo que ha ayudado a extender la vida de muchas personas, aunque realmente sigue siendo difícil predecir, por lo que es una alteración genética en constante estudio.

 

¿Cuáles son los síntomas de la trisomía en animales?

La presencia de un cromosoma adicional puede tener muchos efectos. En el caso de las personas con síndrome de Down, suele presentarse como cierto grado de discapacidad intelectual. Sin embargo, en los animales, puede variar mucho entre una raza y otra.

Entre los síntomas físicos más comunes, están los ojos ligeramente separados, la cara aplastada, el cuello corto y las orejas pequeñas. También, pueden tener manchas blancas en el iris, patas pequeñas, articulaciones flojas y tono muscular deficiente. Asimismo, los animales con trisomía pueden presentar pérdida auditiva, infecciones de oído, defectos cardíacos y enfermedades oculares, como las cataratas.

Primates con trisomía

En los últimos años, se han reportado casos de algún que otro mono con síndrome de Down o que presuntamente lo padece. Esto se debe a que son unos animales genéticamente muy parecidos a los humanos, por lo que pueden verse afectados por un trastorno parecido al síndrome de Down. En este sentido, es importante mencionar que los monos grandes, como los gorilas, tienen un ADN entre 97 y 98% similar al código genético humano, ya que cuentan con 24 pares de cromosomas, solo un par más que el ser humano.

En el caso de los chimpancés, la anomalía se presenta en el cromosoma 22 y esto puede ocasionar síntomas parecidos a los de las personas que tienen síndrome de Down, tales como enfermedades cardíacas, dientes subdesarrollados, retraso del crecimiento y algunas complicaciones oculares. También, se han reportado casos de trisomía en otros primates, como los siamangs y macacos.

 

Gatos con anomalías físicas similares al síndrome de Down

Los gatos con síndrome de Down han ganado popularidad recientemente en redes sociales, pero es importante señalar que la comunidad veterinaria profesional no ha reconocido la trisomía 21 felina como un trastorno real. Incluso, se desaconseja por completo la atribución de enfermedades basándose simplemente en su apariencia física o comportamiento, ya que puede verse como una falta de respeto para aquellas personas que realmente tienen síndrome de Down.

Es posible ver algunas características físicas en algunos gatos que pueden ser similares a las personas con trisomía 21, pero es necesario tener claro que no se trata de la misma condición. Por lo tanto, es importante mencionar que los síntomas de la trisomía se presentan en gatos como consecuencia de otros problemas de salud, como enfermedades neurológicas, infecciones, traumas y otros defectos de nacimiento.

De igual forma, algunos gatos padecen hipoplasia cerebelosa, que es un trastorno que provoca características y comportamientos parecidos a los de la trisomía 21, por lo que al ver uno de estos animales es fácil pensar que es un gato con síndrome de Down. Asimismo, los traumatismos en la cabeza pueden provocar lesiones físicas y daños neurológicos permanentes. También, una mala alimentación de la gata durante la gestación puede causar que las crías tengan problemas genéticos. Por lo tanto, es bueno siempre alimentar al animal con un pienso para gatos acorde a su edad y estado físico.

¿Los perros pueden tener síndrome de Down?

Tampoco es científicamente correcto decir que hay perros con síndrome de Down. Aunque pueden existir algunos con características físicas similares, son muy raros en el mundo. Es cierto que genéticamente los perros y los humanos tienen muchas similitudes, pero hay unas diferencias importantes en su código genético. Por ejemplo, si te preguntas cuántos cromosomas tiene un perro, debes saber que cuenta con 39 pares, por lo que es imposible encontrar un perro con síndrome de Down.

Sin embargo, los perros sí pueden tener trisomía y en este caso los síntomas más comunes son crecimiento lento, cabeza grande, lengua ancha, extremidades cortas, ritmo cardíaco anormal, aburrimiento mental y retraso en el desarrollo de los dientes.

También, algunos trastornos del desarrollo en perros pueden tener algunas similitudes clínicas con el síndrome de Down. Un ejemplo puede ser el hipotiroidismo congénito, causado por niveles bajos o nulos de la hormona tiroidea, lo que a su vez es consecuencia de un nacimiento prematuro.

Para finalizar, es importante recordar que los animales con Down están erróneamente definidos, ya que sus anomalías son consecuencia de algún otro tipo de discapacidad. Para mayor información, es recomendable buscar ayuda de un veterinario que pueda brindar un mejor diagnóstico e indicar el mejor tratamiento posible.

 

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