Última actualización: 09.12.19

 

El silvestrismo se ha mantenido como una afición que se transmite de padres a hijos y que años tras años depende de la captura de miles de ejemplares para adiestrarlos en el canto y competir en los diferentes concursos que se realizan en toda España. Sin embargo, la organización ambientalista BirdLife International afirma que esta práctica es una amenaza importante para las aves. 

 

A pesar de suscribirse a las leyes de la Directiva de Aves de la UE desde hace varios años, España seguía autorizando a miles de aficionados para realizar la captura de diferentes tipos de ejemplares de aves para la práctica del silvestrismo. Esta situación generó, desde 2011, algunos procedimientos de infracciones ambientales que, hasta ahora, se han concretado con el cese de los permisos para capturas en diferentes comunidades, especialmente en Madrid, la cual acumuló entre los años 2010 y 2017 más de 210.000 capturas, según el diputado de Equo Alejandro Sánchez.

 

Una tradición polémica

El origen del silvestrismo data de la época en que las primeras civilizaciones capturaban aves para su alimentación y se dieron cuenta de que usando a otros pájaros como “reclamos” podían conseguir más presas. 

Posteriormente, se introdujo la afición por el entrenamiento de las aves utilizando “maestros cantores”, extendiéndose esta práctica desde el sur de España a toda la región, hasta considerarse un deporte que, actualmente, cuenta con más de 40.000 silvestristas aficionados en todo el país. 

Sin embargo, desde hace algunos años esta actividad se ha visto ensombrecida por el descontento de las organización ambientales y protectoras de animales que alegan que esta práctica atenta contra la biodiversidad de especies migratorias, pues cada año se registran miles de capturas y muertes de distintos tipos de aves, muchas de las cuales se producen por las trampas que generan estrés en los ejemplares que terminan falleciendo. 

 

 

Las trampas permitidas

En la práctica del silvestrismo se emplean unas trampas, revisadas por la consejería de Medio Ambiente, cuyo sistema se activa por cuerdas e incorpora unas redes laterales. Dichas redes se abaten hacia el centro, capturando a las aves que han estado hurgando entre los cardos y las demás plantas dispuestas a propósito. El uso de otros pájaros, denominados “reclamos”, es necesario para atraer con sus cantos a las aves que están de paso. 

Entre las especies que se capturan en España para el silvestrismo están el Pardillo común, Verdecillo, Jilguero, Pinzón vulgar, Verderón común y el Canario, permitido únicamente en las Islas Canarias, todas estas especies se resguardan en una jaula para pájaros de pequeñas dimensiones y en donde se inician los cuidados para el adiestramiento en el canto. 

Cabe destacar que anteriormente se aceptaba el uso de pegamento o liga para las trampas, sin embargo desde el 2010 esta práctica quedó vetada, siendo las trampas de redes las únicas permitidas por ser inocuas para los pájaros. Aún así, la tradición del silvestrismo incumple con la legislación europea que prohíbe la captura de fringílidos silvestres dentro de su hábitat natural, ya que existe una solución factible que es la cría en cautiverio.

No obstante, los silvestristas declaran que esta alternativa no es viable para el deporte, porque las aves deben ser nacidas en libertad para conservar las cualidades cantoras asilvestradas que han adquirido de sus padres y congéneres desde el momento mismo de su nacimiento. De tal manera, afirman que utilizar ejemplares criados en cautiverio, aunque estén en la mejor jaula para pájaros del momento, significaría la desaparición del silvestrismo. 

 

Estadísticas negativas

Para octubre del 2018 la comunidad de Madrid se vió obligada a vetar los permisos para las capturas de ejemplares para el silvestrismo, ya que las inminentes sanciones económicas de la Unión Europea afectarían directamente a los contribuyentes que superan en número a los silvestristas aficionados. 

Las estadísticas que condujeron al informe motivado de la Comisión Europea denunciaban que entre los años 2010 y 2016 se capturaron, solo en la comunidad de Madrid, 205.401 pájaros por 1.500 silvestristas autorizados por los organismos competentes. Entre las especies capturadas se contabilizaron 125.760 jilgueros, 54.280 pardillos y 25.361 verderones, todas son especies permitidas en la región. 

Sin embargo, a estas cifras regulares se suman las asociadas al furtivismo en todo el territorio, las cuales se evidencian con el decomiso de pájaros capturados de forma ilegal y de especies no autorizadas, para luego comercializarlas. Así lo dejó saber el diputado Alejandro Sánchez.

De acuerdo a los informes de organizaciones ambientales como SEO BirdLife, estas capturas suponen un riesgo para la viabilidad futura de las poblaciones de las especies afectadas. Esta misma entidad, ha declarado que su intención no es estigmatizar a la comunidad silvestrista, pues entiende que los valores de las tradiciones merecen respeto. Sin embargo, enfatizan que el disfrute de algunos deportistas no puede afectar el patrimonio natural de la región, así que deben adaptarse dichas costumbres para ser sostenibles en el tiempo.

 

 

Contraste de argumentos

Por su parte, los silvestristas representados por la Federación Madrileña de Caza manifiesta que según sus datos, solo registraron 1% de la tasa de mortandad de ejemplares adultos, por lo que no tienen indicadores de que las especies permitidas mermen su población por la práctica de este deporte en España.

Asimismo, alegan que para poder iniciar la cría en cautividad, será necesario establecer un período de transición de, al menos, diez años; tiempo en el que se estima una adaptación de la cría. Sin embargo, ratifican que no cuentan con ningún soporte técnico-científico que garantice que las cualidades cantoras de las especies fringílidas se mantengan si son criadas en estas condiciones. 

No hay duda de que este es un tema muy polémico, con detractores de un lado y simpatizantes del otro, organismos que defienden la vida animal y la conservación de las especies migratorias, leyes internacionales que limitan la práctica de estas actividades y miles de personas que se aferran a mantener sus tradiciones culturales.

Cabe destacar que en todo el territorio de España existen miles de familias y comunidades que promueven una práctica responsable del silvestrismo, para seguir transmitiendo a las generaciones futuras la pasión por esta actividad, en la que el cuidado y mimo del ave durante su entrenamiento es la prioridad para poder conseguir los mejores resultados.