Última actualización: 13.11.19

 

Mantener una humedad ambiental adecuada en nuestro hogar es clave para nuestra salud. Un parámetro que debe estar entre ciertos niveles, a fin de lograr un entorno agradable y sano. Un proceso fácil de controlar si contamos con los conocimientos necesarios para ello.

 

A la hora de disponer de un hogar sano y saludable para nosotros o nuestras mascotas resulta fundamental la limpieza. Un lugar en el que haya presencia de polvo, ácaros y otros residuos nunca podrá llamarse un hogar sano. Pero incluso con una limpieza y una desinfección extrema también es necesario mantener controlados ciertos parámetros del ambiente de nuestro hogar, a fin de obtener el mayor confort durante nuestra estancia.

Entre estos elementos se encuentran la humedad ambiental, que es el parámetro que mide qué porcentaje de vapor de agua hay en el aire que nos rodea. Un parámetro de tan notable importancia que incluso la legislación controla ya cuales deben ser los valores de humedad existentes en locales públicos como centros comerciales, hospitales o empresas. Algo que podemos apreciar directamente, dado que es obligatorio indicar esos niveles de humedad, junto a los de temperatura, en paneles situados en dichos establecimientos y a la vista de los usuarios.

 

Parámetros saludables de humedad

La humedad es mala tanto en exceso como en defecto. Un exceso de humedad en el ambiente causa que el aire esté más cargado y es un ingrediente fundamental a la hora de favorecer la proliferación de hongos, bacterias y otros elementos nocivos, presentes en las famosas manchas de humedad que aparecen en muchos hogares. En el lado inverso, una excesiva sequedad en el ambiente también perjudica a nuestra salud, dado que ese aire suele estar más cargado de polvo, tiende a ser más difícil de respirar y sienta peor a enfermos con problemas respiratorios, alérgicos o bebes, por citar algunos casos.

Por suerte, la humedad es un parámetro que podemos medir, obteniendo una lectura clara de su concentración en el ambiente. Para ello no necesitamos más que disponer del mejor higrómetro que podamos encontrar, tanto por nuestro presupuesto como por la precisión que requiramos de esas lecturas. Con este dispositivo obtenemos al momento el valor de concentración de esa humedad en el ambiente indicado en porcentaje, lo que nos ahorra molestias y complicaciones a la hora de saber cómo de húmedo o de seco está el ambiente.

Así pues, dentro de estos parámetros, los niveles recomendados de humedad están entre el 40 al 60% aproximadamente. Un nivel de humedad que reduce tanto la capacidad de los hongos y ácaros para proliferar en el ambiente doméstico como la capacidad de supervivencia de virus y bacteria, que justo en estos niveles tienen muy difícil mantenerse activos. Si esta humedad se combina con un adecuado nivel de confort térmico, tendremos un conjunto agradable a la hora de estar en casa.

 

 

De dónde surge esa humedad 

La humedad ambiental de nuestro hogar es algo que depende de todo tipo de parámetros, tanto ambientales como de construcción de nuestra vivienda. Como ejemplo, aquellas personas que vivan en zonas de playa, montaña o ríos seguramente tengan niveles de humedad más elevados que quienes no vivan en ellas. Algo parecido pasa con la temperatura, de modo que cuanto más extremas son las mismas más presencia de humedad se genera con el frío y menos con el calor.

La otra clave es la construcción. Una vivienda moderna, construida con un cerramiento adecuado y materiales de calidad siempre tenga menos problemas de humedad que una vivienda con mucha antigüedad, con cerramientos y aislamientos deficientes y que carezca de elementos protectores. De hecho, estas últimas viviendas tienen muchas papeletas para ser víctimas de problemas de hongo y filtraciones relacionados con la humedad si están situadas en zonas propicias para ello, ambientalmente hablando. En estos casos conviene incluso recurrir a medidas profesionales de aislamiento si esa humedad se vuelve problemática.

 

Cómo mantener la humedad controlada

Ya hemos hablado de la importancia que tiene el higrómetro para controlar el grado de humedad presente en una estancia, por lo que ahora damos el paso siguiente: ver que herramientas tenemos para modificar la humedad relativa de nuestro hogar.

Para incrementar la cantidad de humedad presente en nuestro hogar basta con usar un humidificador en cualquiera de sus formas. Estos aparatos vierten humedad adicional al ambiente, empleando para ello tecnologías de vapor frío (mediante ultrasonidos) o bien vapor caliente, actualmente no tan utilizados. En ambos casos se obtiene una niebla de humedad altamente concentrada, lo que permite incrementar el grado de humedad ambiental. Algunos de estos humidificadores incluso tienen un higrómetro incluido en su interior, lo que permite elegir de forma precisa el porcentaje de humedad que queremos lograr en la estancia.

 

 

Respecto del exceso de humedad, tan nocivo como la carencia de la misma, las soluciones son variables. En principio podríamos pensar que con un deshumidificador tendríamos bastante para reducir esa cantidad de humedad en el ambiente. Y aunque es cierto que esta solución es la adecuada, muchas veces no es necesario recurrir a un deshumidificador comercial para reducir esta concentración. La prueba la tenemos, por ejemplo, en que en un día de frío invierno basta con encender cualquier fuente de calefacción para que en unos minutos se reduzca la concentración de humedad ambiental. Algo parecido pasa con los equipos de aire acondicionado, que cuentan con funciones deshumidificadoras. En este caso, la función se encarga de licuar la humedad presente en el ambiente, al tiempo que filtran el aire, vertiendo el agua al depósito de vaciado y dejando el aire limpio de nuevo en la sala.

Esto nos deja el uso de deshumidificadores solo para aquellos espacios en los que sea necesario por sus características tales como armarios, bodegas sin ventilación, estancias muy cerradas, etc. También serían la solución adecuada para cuando los niveles de concentración de la humedad sean tan elevados que resulte imposible lograr un resultado adecuado con otra técnica.