Última actualización: 20.11.19

 

Los collares de castigo para perros siguen siendo vendidos como accesorios de adiestramiento canino, sin embargo, los defensores de los animales mantienen una lucha constante contra el uso de lo que consideran un método de tortura para las mascotas, debido al daño físico y psicológico que pueden causar ciertos collares en los perros. Es por esto que hemos recopilado algunos casos donde los animalistas han realizado grandes esfuerzos contra el maltrato animal.

 

Tal es el caso de la comarca de A Coruña, donde los animalistas de Libera y la Fundación Franz Weber han registrado denuncias sobre presuntas infracciones a la Ley de Bienestar Animal. En este caso, se trata de los perros que son utilizados en batidas cinegéticas en esta región del país, ya que según los expertos en el tema, sus amos se convierten en maltratadores al mantener encadenados a los animales, lo que supone una infracción grave implicando una multa de 5.000 euros. 

La asociación animalista Libera es una organización no gubernamental creada en 2004 en Barcelona, con el objetivo de realizar campañas para crear conciencia sobre la explotación animal en algunos países. En varias ocasiones, esta ONG ha sido una de las aliadas de la Fundación Franz Weber, que tiene presencia en Iberoamérica desde 2010, debido a que cuenta con una sede en la misma ciudad española. En la actualidad, esta institución tiene presencia en Colombia, Argentina, Ecuador, Uruguay, Perú, México y Venezuela, pero también en Francia, Portugal y España.

La normativa gallega condena explícitamente el uso de collares eléctricos para realizar descargas a los perros y tratar de cambiar su comportamiento con la aplicación de este tipo de tortura. Sin embargo, continúan las denuncias en este sentido, debido a que está prohibido el uso de estos artilugios, pero no la comercialización de los mismos. No obstante, cada vez más ciudadanos están informados del peligro que representan estos collares para los animales y están dispuestos a denunciar a aquellos infractores que encuentran más sencillo entrenar a sus perros para la caza mediante electrocuciones.

La propuesta de los colectivos animalistas es que la propia Xunta realice una inspección profunda de las tiendas que venden este tipo de aparatos de tortura, para determinar qué tipo de usuarios los adquieren a pesar de estar prohibidos explícitamente.

 

 

Logros en contra de los collares de castigo alrededor del mundo

Aunque a primera vista parece suficiente pensar que si los collares de castigo están prohibidos en seres humanos, también es inadecuado usarlos en nuestras mascotas, la realidad es que algunas personas insisten en defender su uso con mil y una excusas.

Han pasado varias décadas desde que un importante organismo independiente como el Farm Animal Welfare Committee de Gran Bretaña condenó el trato con los animales donde exista dolor y malestar, a la vez que recomendó facilitar el comportamiento natural, así como la ausencia de miedo y estrés. Como podemos observar, cualquiera de estos principios son amenazados cada día por los usuarios de los collares de castigo. 

Pero en el mismo país, el Departamento Británico de Alimentación y Asuntos Rurales invirtió miles de euros en unos estudios entre 2007 y 2011, para demostrar el supuesto bienestar de los perros que han sido adiestrados con collares eléctricos. Mientras tanto, los investigadores de algunas universidades como Bristol, Lincoln College y el Laboratorio Central de Ciencias, pudieron comprobar que es posible obtener cambios en la conducta de los perros, mediante el uso de recompensas como técnica de entrenamiento en positivo, sin necesidad de crear secuelas físicas y psicológicas a la mascota. 

Actualmente, en Gales la multa por uso del collar eléctrico para perros ronda los 3.000 euros. Por otra parte, en Italia el código penal prohíbe el uso de estos collares por ser incompatibles con la naturaleza canina. Lo mismo ocurre en República Checa, Nueva Zelanda, Austria y Suiza, donde están prohibidos, mientras que en Australia es ilegal su venta y uso en la mitad del país. En Norteamérica se han realizado serios esfuerzos para prohibir su uso tanto en Estados Unidos como en Canadá, pero ha habido un fuerte bloqueo por parte de las empresas que se lucran de la producción y venta de estos accesorios. Aún así, los animalistas continúan valientemente denunciando el maltrato de mascotas en esos países.

 

 

Un caso polémico de maltrato animal en Madrid

En 2015 unos vecinos de la comunidad de Pinto, en Madrid, llamaron a la policía porque oían chillar a un pequeño perro. Cuando los efectivos acudieron al lugar encontraron al animal llamado Piedra, que se encontraba encadenado y con un collar de castigo, a una distancia precisa para que no pudiera acceder a la comida y el agua. Según los testigos, el perro tenía heridas en todo el cuerpo, debido a que su dueño también le propinaba golpes con una vara de hierro, en un supuesto intento de corregir su comportamiento. 

En un primer momento, el agresor había sido condenado por el juzgado penal 5to de Getafe a 8 meses prisión, quedando además dos años inhabilitado para tener perro, así como cancelar un deuda de más de 1.000 euros que fueron utilizados para curar al animal. Sin embargo, un tiempo después, la sección séptima de la Audiencia Provincial de Madrid absolvió al acusado, alegando que las heridas no fueron tan graves y que las personas que evaluaron a Piedra cuando fue encontrado herido no tenían título universitario, por lo que desestimaron su experiencia en el área veterinaria.

Como hemos observado, es una historia de avances y retrocesos desde el punto de vista legal, tanto en España como en otras partes del mundo, sin embargo, la visibilización del problema ha permitido que hoy sepamos que los mejores collares para perros del 2019 son los que causan menos daños en el animal. Asimismo, esto hace que el público general desapruebe el uso de los métodos de adiestramiento dañinos, por lo que cada vez menos usuarios están dispuestos a salir a la calle utilizando uno de estos dispositivos, ya que causan indignación e incomodidad en los ciudadanos.